• Presidio Yucatán

Crisis ecológica y climática: la supervivencia de la humanidad en juego


Un tema del que me he percatado desde que me involucré en el movimiento medioambiental es que la crisis ecológica y climática a la que nos enfrentamos va más allá de nuestras formas de producción y la responsabilidad de nuestros desechos. Los problemas y retos a los que nos enfrentamos junto a la naturaleza son sólo una de las muchas consecuencias que nos ha traído la crisis civilizatoria.


El escritor Rob Riemen menciona que nos hemos alejado de algunos valores fundamentales para el bienestar dentro de nuestras comunidades: verdad, justicia, virtud y compasión. Esto lo veo desde la perspectiva en la que los humanos nos relacionamos con nuestro medio natural y otros seres vivos. La catástrofe ecológica sin duda viene a partir de un paradigma en donde cosas como un bosque o un río no tienen valor intrínseco y sólo resultan valiosos si nos son útiles para el desarrollo productivo.


La incesante búsqueda por un placer máximo e infinito, así como de nuestra comodidad y satisfacción de deseos, nos han llevado a dinámicas depredadoras de explotación. Actuamos sin frenos y cada vez con más velocidad, todo esto sin detenernos a pensar que también estamos poniendo a la supervivencia de la humanidad en juego.


En un contexto en donde somos seres esclavos de nuestros deseos, la necesidad de poder y de dominación, nos encontramos en un lugar en donde «todo está permitido». Destruir manglares y selvas, despojar a comunidades de sus territorios, explotar a animales silvestres. Todo esto se justifica con nuestra autoindulgencia; es que «necesitábamos satisfacer nuestras necesidades». ¿Pero qué necesidades? ¿Las que perpetúan un crecimiento egoísta y desmedido?


Todo esto me parece peligroso, puesto que nos comportamos como personas no pensantes, sin moral, dominados por nuestras pulsiones y búsqueda del poder. Lo anterior nos lleva a dinámicas de violencia en donde la vida de otros no vale nada. En donde pueden existir lugares de sacrificio, en donde se saquea a la naturaleza, con el fin de satisfacer los deseos materiales de una sociedad consumista y vacía.


No me queda más que reflexionar que como humanidad, y sobre todo como sociedades occidentalizadas, es de urgencia un desarrollo de consciencia. Necesitamos trabajar en proyectos que redefinan nuestras relaciones sociales, económicas y de convivencia con la naturaleza. Sólo así retomaremos las bases que nos permitan redireccionarnos hacia un enfoque de respeto, cuidado y justicia.

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